CUERPO ECO - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
1- CUERPOS
Nuestro trabajo refiere a ciudades otras, cuerpos desconocidos u olvidados por la febril dinámica de la cultura urbanística de hoy. Pequeñas manchas marginales y sin interés aparente, vanas, poco llamativas en el excitante mapa de la arquitectura contemporánea. No son los grandes centros de expansión y crecimiento formal, conocido y estudiado pero despliegan el encanto de “lo otro”.
“Habría que hablar de una rebelión de lo poco llamativo, de lo discreto, por la que lo pequeño y efímero se aseguró una porción de la fuerza visual de la gran teoría, de una ciencia de las huellas, que a partir de indicios poco aparentes quiso leer los signos tendenciales del acontecer del mundo”
Si fuera posible la “rebelión de lo poco llamativo” o si la ilusión de esa subversión valiera la pena (como parecen sugerir algunas expresiones de la filosofía y el arte contemporáneo) es claro que en lo arquitectónico y urbano referiría a “culturas, ciudades y arquitecturas otras”.
2- OIDOS
Las ciudades otras son configuraciones físicas que parecen mudas por vibrar en longitudes de ondas diferentes a las perceptibles por el oído “educado” del arquitecto contemporáneo, pero que susurran, hablan, gritan, gimen... producen su propio paisaje sonoro.
Sin real conciencia de si, de su intensa normalidad y de la densidad poética de lo “poco llamativo” buscan reafirmar su “yo” en un estéril intento de vibrar con sonoridades políticamente correctas y legitimadas. Desgarran sus esfuerzos buscando la atención de los difusores de cultura arquitectónica global los que difícilmente las percibirán por este camino.
Sin embargo las “ciudades otras” son resistentes y vitales aún en su exacerbada debilidad, fragilidad y vulnerabilidad. Son el lado oscuro, lo invisible e innominado por la cultura urbanística oficial. Pero también son “ciudades otras” los trozos urbanos dentro de las ciudades insignia de la cultura contemporánea, es la Barcelona de los okupas y las barracas, la Paris de los inmigrantes o la Nueva York de los Subterráneos, el Bronx y los homeless.
El desafío es, como en una gimnasia que nos prepare y alerte para el descubrimiento, sensibilizar y entrenar nuestros sentidos para percibir otros estímulos.
OJOS.
Las ciudades otras nos plantean una realidad cuyas lógicas generativas son complejas y múltiples. Las herramientas del proyecto arquitectónico y urbano tradicional interactúan con relativa eficacia frente a los desafíos de la ciudad tradicional pero se tornan torpes e inoperantes ante esta otra lógica. La inadecuación de los instrumentos utilizados ha frustrado los intentos de entendimiento de las ciudades otras, realidad no siempre admitida desde planificadores y arquitectos.
La propuesta es plantear una conversación abierta, una agenda de temas a explorar cuyo objetivo no sea el lograr una formalización determinada, ni dominial, ni urbana, ni arquitectónica sino que nos prepare positivamente para “ver”, “reconocer” e interactuar con otra realidad.
Pero ¿Qué es lo nuevo? No hay novedad en la ciudad y su lógica generativa, tampoco en sus crecimientos al margen de las viejas normas.
Lo nuevo, sin embargo, podría empezar por la redescripción que de ella hacemos, entendiendo a esta como la primera instancia de proyecto.
Buscamos una nuevos ojos que con su mirada alerta nos proporcionen una descripción que defina más acertadamente nuestra ciudad contemporánea, que no imponga límites estrictos, que supere anacrónicas fronteras, una descripción abierta, que pueda reconocer más allá de las categorías históricas y que pueda inventar otras nuevas para aquello que no reconoce.
Territorio, parcela, predio, calle, plaza, barrio, comuna, casa, habitación, producción, saneamiento, ocupación del suelo, legal, ilegal.
Hermoso, feo, bello, culto, proporcionado, histórico, moderno, contemporáneo, abstracto, figurativo…
¿Es que todo debe ser reducible a esta matriz?
¿Es que lo que está afuera de estos códigos solo puede continuar existiendo si es “regularizado”?
¿Qué es entonces “regular”?
4- PSIQUIS
La ciudad se genera en el tiempo, cada época aporta su fragmento y coloniza a los anteriores. Nuestra ciudad, la que aportamos en el siglo XXI en los avatares del sur, es mayoritariamente la informal, la que crece y se expande incontroladamente al margen del dominio de los planificadores y arquitectos.
Los arquitectos sentimos fobia por todo lo que escapa a nuestro control. Si en la “naturaleza-natural” nada dominamos realmente, si las catástrofes climatológicas o el devenir orgánico están más allá de la voluntad humana, guardamos la íntima ilusión de poder dominar la “naturaleza-artificial”, aquella generada por nosotros mismos y sobre la que sentimos responsabilidad directa. Sobre esa base errónea basamos nuestros sistemas de transmisión y profundización del conocimiento, el que se legitima a sí mismo no reconociendo su falla original.
Hacemos aquellas preguntas para las cuales tenemos respuesta aceptada y negamos o evitamos las que escapan nuestro universo de frágiles certezas. El éxito o fracaso de la intervención arquitectónica se autolegitima en referencia a una serie de parámetros así determinados y no en su capacidad de interactuar positivamente con su externalidad.
Los parámetros estéticos están definidos en base a los sedimentos pacientemente generados por una cultura “culta”; como en cualquier arte los curadores y promotores culturales (por definición integrados al sistema) son los que otorgan credenciales válidas a las nuevas tendencias.
Los arquitectos tenemos la ilusión de controlar la lógica de la ciudad, sabemos de eso, para eso estudiamos largos años y se nos otorga un título habilitante. Los arquitectos, junto con otros técnicos, desplegamos las reglas de la ciudad cristalizadas en forma de normas urbanas, se dibuja en nuestra mente la ciudad ideal y la proyectamos sobre el territorio como si sólo con nuestra ilusión fuera suficiente. Nuestra ansiedad de estabilidad y equilibrio no está facultada para reconocer lo que se genera fuera de estos parámetros. No sabemos que pasará con nuestras vidas mañana pero ansiamos proyectar la ciudad que nos sobrevivirá y para la que seremos inevitablemente insignificantes.
Uno de los desafíos más trascendentes de la disciplina hoy en los avatares del sur es elaborar en su psiquis el duelo del control. Admitir definitivamente y con honestidad que el único modo de tener las cosas bajo control es asumir el “bajo control”, el control selectivo de aquellos elementos claves, mínimos, que permitan la libertad, lo impredecible e inesperado con naturalidad, sin conflictos ni situaciones traumáticas.
CONDUCTA
Los vínculos que tenemos con el proyecto urbano y arquitectónico están fuertemente influenciados por códigos político académicos predecibles. Si se es arquitecto y de izquierda es “políticamente esperable” una actitud de cierta desconfianza a la promoción inmobiliaria, una interpretación del mercado urbano como degradador de las calidades ambientales y la informalidad transparentemente representada por ejemplo en los asentamientos como una anomalía a ser corregida e integrada al sistema urbano a través de operaciones de regularización e intentos de recentramiento.
No deja de ser atractivo el pensar, para una época que quiere empezar con el siglo, en un arquitecto más libre de estos códigos, más incisivo, menos predecible, que se desaliñe, se adelante y sorprenda lo políticamente esperable. Un arquitecto aún más incomodo para la cultura conservadora porque no se ata a antiguos códigos por lo que interactúa más eficientemente con la externalidad, logrando cambios reales, progresos reales, un arquitecto preocupado en la constante redefinición de su disciplina, entregado a la búsqueda de nuevas herramientas y nuevas descripciones. Un arquitecto en definitiva, como dijeran los suizos Herzog y De Meuron: “más preocupado en descubrir que en defender”.
Quisiéramos a una conducta abierta al mundo, curiosa y activa en los avances de la técnica y la cultura, sin fobias al norte y a la vez atenta, preocupada y entregada al hoy aquí y ahora. Ya no habría falsas antagonías entre el ser y el deber ser, la teoría y la práctica, la docencia y el ejercicio, el pensamiento y la acción.